Logra el sueño de ser mamá

Por Edith Campos/La Taxista
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Bien amigos, pues con esta historia retomaremos la tan aclamada sección Confesiones al Taxista que Puro Futbol tendrá para ti semanalmente.
Era un viernes soleado de verano y, como todos los fines de semana, había mayor movimiento en las calles. Como ya es costumbre, a mi teléfono llaman los usuarios frecuentes que necesitan de mi servicio para llegar a su destino, aunque esta vez la pantalla mostraba un número desconocido. Tomé la llamada y, del otro lado, se encontraba una mujer a quien llamaré Rosa para proteger su identidad.
Ella necesitaba un servicio al aeropuerto O‘Hare al mediodía y me comentó que viajarían solamente ella y su bebé. Unos minutos antes de la hora acordada acudí a recogerla a la dirección indicada. Cuando llegué, me percaté de que vivía en una casa modesta y con la yarda un poco descuidada, lo que me hizo pensar que quizá vivía sola o que no había alguien que le ayudara con ese detalle.

Rumbo a México
Al verla, de inmediato me bajé del carro, le abrí la puerta para que pudiera subir el portabebés y le ayudé con su maleta para meterla en la cajuela. Conforme íbamos avanzando hacia el aeropuerto, comenzamos a platicar y me dijo, muy entusiasmada, que viajaría a México y que llevaría a su pequeña hija de tres meses a conocer a su bisabuela.
No quise ser indiscreta preguntándole por qué el papá de la bebé no viajaba con ellas, pero poco a poco fui descubriendo el motivo. Rosa me platicó que estaba en proceso de divorcio, su tono de voz transmitía más alivio que tristeza. Me contó que había descubierto a su pareja siéndole infiel a través de un video que él mismo guardaba en su celular.
En el video se podía ver claramente cómo disfrutaba con su amante de una fiesta en la que los asistentes eran conocidos de Rosa. Ella me confesó que, al ver el video, sintió una gran vergüenza al darse cuenta de que esas personas ya sabían de la infidelidad, mientras que ella apenas lo estaba descubriendo. También encontró varios mensajes que confirmaban lo que había visto en el video, así que confrontó a su esposo, y él no tuvo más remedio que admitirlo.

Vida pesada
Rosa había decidido seguir viviendo en la casa, donde, por cierto, era ella quien siempre se encargaba de los pagos de servicios y seguros. Sin embargo, al ser descubierto, su marido, sin ningún remordimiento, tomó sus cosas y las sacó del cuarto que compartían, llevándolas a un cuarto en el sótano. Así, con el corazón roto, Rosa comenzó a vivir con su bebé en ese espacio que no le gustaba.
Con el paso de los días, relata, ella fue asimilando la situación y decidió dejar de hacerse cargo de los pagos, lo que ocasionó varios problemas, pues su ex no tenía ningún control ni responsabilidad en ese sentido. Yo no podía creer lo que me contaba: con una separación reciente y un bebé de apenas unos meses, el futuro parecía incierto.
“Me atreví a decirle que era un mal padre y le sugerí acudir a las autoridades”, a lo que Rosa me respondió que no… porque él no era el padre. En ese momento entendí todo: el motivo de la infidelidad y la razón de tanto desinterés. Fue entonces cuando Rosa me confesó algo que realmente me sorprendió.

Estéril e inseminación
Su pareja no podía tener hijos porque se había hecho la vasectomía años atrás. Sin embargo, el mayor sueño de Rosa siempre había sido ser mamá, así que decidió someterse a un procedimiento de inseminación artificial. Gracias a que su seguro médico cubría ese tratamiento, logró cumplir ese sueño. Después de más de diez años de casada, finalmente pudo ser mamá.
Rosa me contó que, cuando surgió la idea de la inseminación, se la comentó a un compañero de trabajo que siempre había estado interesado en ella. Aunque ella no quería una relación con él, en ese momento él le dijo que sí quería ser el padre de su hija. Así que donó su esperma a través de una clínica… y así nació la bebé.
Rosa también reflexionó que, algún día, su hija le preguntaría por su padre y que esa conversación podría ser complicada. Sin embargo, lo más importante para ella era que la niña supiera que fue muy deseada y amada desde antes de llegar a este mundo.
Rosa me dijo, mientras acomodaba la cobijita del portabebés: “Si algo me queda claro es que este sueño ya nadie me lo quita. Pase lo que pase, yo ya soy mamá.”
En ese momento entendí que para ella no había derrota posible. Había perdido una relación, sí, pero había ganado algo mucho más profundo y eterno que sólo una mujer puede entender. Su pequeña hija se convirtió en su fuerza, en su motor, en la prueba de que los sueños se cumplen, aunque a veces el camino duela.
Al llegar al aeropuerto, me estacioné rápidamente, la ayudé con sus cosas. Me agradeció con una sonrisa cansada pero llena de esperanza y se despidió diciendo: “Lo único que necesito es que mi hija crezca sabiendo que fue muy deseada y amada desde antes de llegar a este mundo.”
Y así, amigos, terminó ese viaje… con la certeza de que, pese a la traición y las dificultades, Rosa logró su sueño de ser mamá. Nos leemos en la siguiente Confesión al Taxista de la próxima semana.