Por Oscar Zepeda
Para algunos de nosotros, el verano evoca imágenes de niños jugando al aire libre, haciendo amigos, probando cosas nuevas y redescubriendo viejos pasatiempos favoritos. Pero para muchos padres estadounidenses, la llegada del verano trae consigo estrés y preocupación: ¿Serán capaces de encontrar y costear el tipo de oportunidades estivales que desean para sus hijos?
Un nuevo estudio de la organización Afterschool Alliance, titulado “The Summer Struggle” (La lucha del verano), revela que aproximadamente la mitad de los 24,6 millones de jóvenes en todo el país, cuyos padres desean que participen en programas de verano, se están quedando fuera de ellos.
La asequibilidad es la barrera más significativa para la inscripción en programas de verano, especialmente para las familias de ingresos bajos y medios. Otras barreras comunes para la participación incluyen: problemas con la ubicación del programa y el transporte, la falta de programas en su comunidad, problemas de horarios y la falta de cupos disponibles.
Los padres de Estados Unidos coinciden en gran medida con este sentir. La mayoría de los padres, independientemente de su afiliación política, tipo de comunidad, raza o etnia, apoyan la financiación pública para las oportunidades de aprendizaje durante el verano. Y ese apoyo ha aumentado de manera constante a lo largo de los últimos 17 años.
Dicha financiación no solo ayudaría a que más niños accedan a experiencias estivales estructuradas, sino que también aliviaría la carga económica de las familias. Actualmente, las familias de ingresos bajos y medios destinan una porción mayor de sus ingresos a los programas de verano que las familias de ingresos más altos: por cada 100 dólares ganados durante el verano, las familias de bajos ingresos gastan 10 dólares y las de ingresos medios gastan cerca de 5 dólares, mientras que las familias de altos ingresos gastan menos de 3 dólares.
Según los defensores de esta causa, la ampliación de las oportunidades de verano puede lograrse impulsando las siguientes recomendaciones de política pública:
Aumentar la inversión
El desafío de la asequibilidad, al que se enfrentan tanto las familias como los programas de verano, subraya la urgente necesidad de mayores inversiones públicas y privadas en programas de aprendizaje estival a nivel nacional, estatal y local, así como por parte de empresas y entidades filantrópicas.
Abordar las barreras
Las subvenciones que cubren los costos de transporte, o aquellas destinadas específicamente al transporte, pueden ayudar a los programas a mejorar el acceso para las familias. Las escuelas, los socios comunitarios y los líderes locales también pueden colaborar para crear y promover recursos que ofrezcan información sobre los programas de verano.
Crear más programas
Las entidades públicas y privadas pueden diseñar oportunidades de financiación que se ajusten a lo que las familias desean: una programación de verano integral que mantenga a los jóvenes motivados y comprometidos.
Durante el verano, millones de niños pierden el acceso a los desayunos y almuerzos escolares. Tres de cada cuatro padres afirman que el acceso a refrigerios o comidas saludables es sumamente importante a la hora de elegir las actividades que realizarán sus hijos durante el verano.
Hasta la próxima y que tengan un excelente fin de semana.

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