Por Amarilys Ramos/BA
¿Cuándo fue la última vez que dedicaste tiempo de calidad a una persona mayor solo para escucharla? En mi interior, este tema resuena muy a menudo. He podido ver en infinidad de ocasiones que a las personas mayores no se les toma en cuenta, que son las últimas en la lista del todo. Ellos pueden esperar o más bien, ellos son quienes resuelven con dinero los problemas de los demás. Se nos olvida darles una llamada, enviarles un texto y decirles: “Estoy pensando en ti, ¿necesitas algo?”
Estamos viviendo en un mundo donde se nos olvida que nosotros también llegaremos a ser mayores. Y la pregunta es: ¿desearías que te pasen por alto, que se olviden de ti?
O, por el contrario, ¿amarías tener una familia unida que te dedique tiempo de calidad, que te llene de amor y de abrazos? Eso es lo que más necesitan los mayores: compañía, amor y ser escuchados.
Todos en este planeta somos importantes desde que estamos en el vientre, y aun cuando falten pocas horas para la muerte.
Hoy te invito a que, si tienes un familiar, un conocido o un vecino que es mayor y probablemente no tiene a nadie que lo apoye o esté presente en su vida, saques tiempo de tu día y lo invites a un café.
Siéntate a escuchar sus historias y, de paso, regálale un abrazo. Porque muchas veces ellos se sienten solos; muchas veces desean ya no estar para no incomodar. Y nosotros necesitamos demostrarles que son una bendición en nuestras vidas, que amamos que estén aquí, que los disfrutamos de verdad y que se sientan realmente amados.
Tengo una historia que llevo conmigo siempre. Tuve un tío con enfermedad de Parkinson. Para mí, era un ángel en la tierra. Siempre sacaba tiempo para él; lo consentía con sus dulces favoritos, lo llenaba de amor y lo acompañaba a sus citas, siempre riendo, porque nunca fue una carga para mí. Al contrario, él era mi persona favorita.
Cuando llegó la hora de su partida, sí lloré, sí dolió, pero me quedé con todos esos recuerdos hermosos que hoy llevo conmigo. Creo que más que yo ser una bendición para él, él lo fue para mí, porque me enseñó tanto. Una de las enseñanzas más grandes que me dejó fue que, a pesar de haber estado enfermo desde antes de que yo naciera (40 años con esa enfermedad), nunca lo escuché quejarse de su condición. Siempre vivió con optimismo y siempre se le veía feliz.
Te ánimo a que llenemos de amor, tiempo, dedicación y alegría a nuestros mayores, porque ellos nos necesitan. Acompañar a nuestros mayores hoy es sembrar el amor que esperamos recibir mañana.
