Invierno y un hogar feliz

Que tu hogar en invierno sea tu propio reflejo.

El amor propio también se cultiva en el espacio donde vivimos.
Por Amarilys Ramos Soto

Hace unos años me mudé de Puerto Rico a Illinois. Aunque Puerto Rico forma parte de Estados Unidos, para mí la experiencia de mudarme significó adaptarme a una cultura diferente y, entre muchas otras cosas, a una realidad climática completamente distinta.
Vengo de una isla tropical donde el calor forma parte de la vida cotidiana durante todo el año. Aquí, en cambio, podemos disfrutar de las cuatro estaciones: primavera, verano, otoño e invierno. Y aunque cada una tiene su belleza, debo confesar que adaptarme al invierno no fue fácil.
Durante mis primeros años, los meses fríos fueron emocionalmente difíciles. Extrañaba el calor, la naturaleza, el verdor de los árboles y esa sensación de poder salir de casa sin tener que preocuparme demasiado por las bajas temperaturas.
Todavía me encanta el calor y sigo aprendiendo a disfrutar del invierno, pero hace unos años decidí hacer algo que transformó mi manera de vivir esta temporada: comencé a convertir mi hogar en un lugar donde pudiera sentirme verdaderamente feliz.

Mi hogar, mi pequeño refugio
Siempre me han encantado las plantas, los animales y la naturaleza. Me crie en el campo, prácticamente en el monte, y llevo conmigo ese amor por lo natural. Me gusta la madera, la decoración con animales y todo aquello que me recuerde a mis raíces.
De hecho, algunas amistades me llaman cariñosamente la vaquera por el estilo de mi casa.
Así que comencé a incorporar plantas en diferentes espacios de mi hogar. También añadí decoraciones que reflejan mi personalidad y mi amor por los animales. Poco a poco, fui creando un ambiente que se parece a mí, que me recuerda de dónde vengo y que me hace sentir cómoda.
Hoy puedo decir que mi casa es mi happy place, mi lugar feliz. Es el espacio donde trabajo, descanso, disfruto de mis plantas y encuentro tranquilidad. Cuando afuera hace frío y los árboles han perdido sus hojas, mirar el verde de mis plantas dentro de casa me produce una sensación diferente. El invierno sigue siendo invierno, pero ya no lo vivo de la misma manera.
Y fue entonces cuando comprendí algo importante: no siempre podemos cambiar las circunstancias que nos rodean, pero sí podemos buscar maneras de hacer que nuestra experiencia sea más agradable.
El amor propio también se refleja en nuestro espacio. En su libro Los siete pilares del amor propio, Walter Riso aborda la importancia de construir una relación saludable con nosotros mismos.
Entre las ideas que me invitan a reflexionar está la importancia de cuidar nuestro espacio y procurar que el lugar donde vivimos sea un entorno en el que podamos sentirnos a gusto.
Recuerdo una historia que relata sobre un espacio que le prestaron y que se encontraba en malas condiciones. A pesar de contar con pocos recursos, busco la manera de acondicionarlo y hacerlo agradable. Esa experiencia me recuerda que no siempre necesitamos tener mucho para comenzar a transformar el lugar que habitamos.
A veces pensamos que, porque vivimos en una habitación pequeña, en un apartamento sencillo o en una casa que no tiene todas las comodidades que deseamos, tenemos que conformarnos con un espacio que no nos haga sentir bien.
Sin embargo, nuestro hogar no tiene que ser grande, costoso ni impresionar a nadie para convertirse en un lugar especial para nosotros.
Si te gustan los girasoles, puedes decorar con girasoles. Si amas los carros, puedes colocar cuadros de carros. Si te encantan las plantas, puedes buscar la manera de incorporarlas. Y si prefieres un espacio sencillo, organizado y sin demasiados adornos, también está bien.
La idea no es decorar para satisfacer las expectativas de otras personas, sino crear un ambiente que refleje quiénes somos y que nos permita disfrutar de nuestra propia compañía.

Poco dinero para comenzar
Con la llegada del otoño y la proximidad del invierno, muchos comenzamos a pasar más tiempo dentro de casa. Los días se acortan, las temperaturas bajan y las actividades al aire libre pueden disminuir considerablemente.
Para algunas personas, este cambio puede traer sentimientos de aislamiento, tristeza o desánimo. En mi caso, aprendí que hacer pequeños cambios en mi hogar me ayudaba a sobrellevar mejor los meses fríos.
Y lo más bonito es que no necesitas un gran presupuesto para comenzar. Quizás una amiga va a regalar una planta que ya no quiere. Tal vez un familiar tiene un cuadro guardado o un mueble que ya no utiliza.
También puedes encontrar artículos económicos en tiendas de segunda mano, ventas de garaje o grupos comunitarios de donaciones. En las redes sociales hay personas que regalan cosas en buen estado; solo recuerda tomar precauciones al coordinar encuentros o recoger artículos de desconocidos.
No se trata de llenar la casa de objetos, sino de elegir aquellas cosas que realmente te gustan y que aportan algo positivo a tu espacio.
Puedes comenzar con una planta, reorganizar los muebles, aprovechar la luz natural, colocar una manta que te encante o crear un pequeño rincón para leer, orar, pintar o simplemente descansar. A veces, los cambios más sencillos son los que más disfrutamos.

Preparar nuestro hogar
No quiero decir que una casa bonita garantice que nuestro interior esté bien, porque nuestras emociones son mucho más complejas que eso. Podemos tener un hogar precioso y atravesar momentos difíciles. Sin embargo, sí creo que el entorno en el que pasamos tantas horas puede influir en cómo nos sentimos y en la manera en que vivimos nuestro día a día.

Por eso, cuando hablo de preparar nuestro hogar, no me refiero a tener una casa perfecta. Hablo de crear un espacio en el que podamos respirar, descansar y sentir que pertenecemos a él.
Un espacio donde podamos quitarnos los zapatos al llegar del trabajo, disfrutar de una taza de café, cuidar nuestras plantas, escuchar música o compartir un momento tranquilo con nuestros seres queridos.
Para mí, ese es el verdadero valor de mi hogar. No es que sea perfecto ni que tenga todo lo que quisiera tener. Es que cada rincón refleja algo de mí.
Y cuando llega el frío, ese pequeño refugio cobra todavía más importancia.

En invierno, regálate un espacio
Ahora que se acerca la temporada de pasar más tiempo en casa, quiero invitarte a hacer algo sencillo: mira a tu alrededor y pregúntate si el espacio donde vives te hace sentir bien.
No pienses primero en lo que te falta ni en lo que quisieras comprar. Piensa en lo que ya tienes y en cómo podrías aprovecharlo. Pregunta, reutiliza, reorganiza y busca alternativas accesibles. Comienza poco a poco, sin compararte con las casas que ves en las redes sociales.
Tu hogar no tiene que parecerse al de nadie más. Tiene que sentirse tuyo.
Desde que llené mi casa de plantas y de detalles que me conectan con la naturaleza, mi relación con el invierno ha cambiado. No voy a decir que dejó de gustarme el calor o que ahora disfruto cada día frío, pero sí puedo decir que he aprendido a vivir esta temporada de otra manera.
Hoy, cuando miro mis plantas y disfruto de ese ambiente que he creado, siento que tengo un pedacito de la naturaleza conmigo, incluso cuando afuera todo parece estar dormido.
Y eso me recuerda que el amor propio no siempre se demuestra con grandes decisiones o grandes inversiones. A veces comienza con algo tan sencillo como cuidar el lugar donde vivimos.
Porque nuestro hogar no tiene que ser el lugar que los demás admiren. Tiene que ser el lugar donde nosotros podamos sentirnos en paz.
Este invierno, date la oportunidad de crear tu propio refugio. No necesitas mucho dinero, una casa grande ni la aprobación de nadie. Solo necesitas comenzar con aquello que tienes y darte permiso para disfrutar del lugar que llamas hogar.

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