Por Amarilys Ramos/B.A.
¿Has sentido que necesitas la aprobación de otros para sentirte bien? ¿Has sentido que necesitas constantemente que te demuestren afecto? ¿O que todo el tiempo dices “sí”, aun en momentos en los que desearías decir “no”?
Hablemos un poco sobre el apego emocional. Este tipo de apego surge a partir de nuestros primeros vínculos en la niñez. Hace poco publiqué un artículo muy interesante sobre los cuatro tipos de apego.
El apego emocional (o dependencia emocional) se desarrolla porque, quizás, en nuestra infancia no tuvimos un apego seguro; es decir, padres o cuidadores presentes y emocionalmente afectivos. O interpretamos que mamá, papá o quien nos cuidaba no estuvo disponible como lo necesitábamos.
Cuando ese apego seguro no está presente en la vida del niño, al llegar a la madurez comenzamos a experimentar miedo al abandono, necesidad de aprobación o una búsqueda constante de amor, lo que muchas veces también nos lleva a una baja autoestima o a vivir con ansiedad generalizada.
Ahí es donde se forma el apego o dependencia emocionales: necesito de esta persona todo el tiempo porque, si no, siento que muero o que no puedo solo (a). Esto puede experimentarse con mamá o papá, un familiar, amigos, pareja o incluso con un terapeuta.
Y entonces surge la pregunta
¿Qué trabajo interior necesitamos hacer para tener una vida autónoma y lograr ser independientes emocionalmente?
Autoconocimiento
Haz un diario de tus pasiones; todo lo que amas hacer y todas tus virtudes. Escribe también sobre tus emociones y cómo reaccionas ante ellas.
Amor propio
Valórate aceptando tanto tus virtudes como tus imperfecciones. Cuida tu salud física, perdona tus errores y protege tu salud mental y emocional.
Gestión de emociones
Las emociones están para sentirlas; todas nos enseñan algo. Pero necesito reconocer qué me llevó a esa emoción, qué siento en mi cuerpo, ponerle nombre y aceptarla.
Establece límites
Los límites protegen tu bienestar. Decir: “no, hoy no puedo”, no está mal. Pedir tiempo para descansar o estar a solas tampoco está mal. Sacar tiempo para aprender algo nuevo también es una forma de amor propio.
Cultiva actividades que disfrutes
Haz lo que te apasiona; sal a pescar, pinta, conéctate con la naturaleza, lee. Cuando lees, adquieres conocimiento, y el conocimiento es poder.
Pregúntate: ¿Qué disfruto? ¿Qué amo hacer? ¡Ve por ello! Eso te ayuda a estar contigo misma, a despejar tu mente y a disfrutar de las cosas que amas.
Cuando aprendemos a soltar y a no depender, se siente como si una mochila cayera de nuestras espaldas.
Es sentir plenitud, se va el control, se va el miedo y comienzas a darte cuenta de que realmente estás empezando a vivir.
“El apego te ata porque te mantiene ligado a personas, situaciones o emociones, impidiéndote avanzar y sentirte libre”.
Si estás pasando por esta situación y te preguntas: ¿Es posible sanar?, déjame decirte que sí, se puede. Tú puedes lograrlo con buena actitud, compromiso y disciplina. ¡Lo lograrás!
Recuerda: los límites muchas veces están en nuestra mente, pero nada es imposible para quien persevera.
Te invito a comprometerte contigo mismo, a trabajar por tu libertad emocional y por tu vida en general. No se trata de dejar de amar, sino de amar de una manera sana, sin ataduras.
Es aprender que tú puedes llevar una vida autónoma.
