Por Oscar Zepeda
Una nueva investigación ha hallado microplásticos en las bolsas de comida para bebés comercializadas por algunas de las marcas más grandes del mundo, incluida una etiquetada como orgánica, lo que plantea interrogantes sobre un formato de envase que ha conquistado los pasillos de alimentos infantiles.
Una investigación encargada por Greenpeace International analizó dos productos líderes en el sector de la alimentación infantil y estimó la presencia de miles de microplásticos en cada bolsa examinada, con cifras que oscilaron entre más de 5 mil en una de las marcas y más de 11 mil en la otra.
“Los padres confían en estas marcas para asegurarse de que los primeros bocados de comida de sus bebés no estén contaminados con microplásticos. Lamentablemente, esta investigación demuestra que ni siquiera las marcas de mayor confianza pueden garantizarlo”, afirmó Sybil Bullock, activista sénior de Greenpeace USA.
Los hallazgos, detallados en un nuevo informe titulado “Plásticos diminutos, gran problema: Los riesgos ocultos de las bolsas de plástico para comida de bebés” (Tiny Plastics, Big Problem: The Hidden Risks of Baby Food Plastic Pouches), señalan al polietileno, el plástico que recubre el interior de las bolsas, como una probable fuente de los microplásticos.
Los investigadores también detectaron una variedad de sustancias químicas presentes tanto en el envase como en el alimento, incluida una sustancia conocida por ser un disruptor endocrino nocivo en uno de los productos de yogur analizados.
Este estudio constituye uno de los primeros intentos por evaluar la presencia de microplásticos y sustancias químicas derivadas del plástico que podrían migrar desde las bolsas con boquilla hacia los alimentos infantiles.
Se suma así a un conjunto de pruebas en rápida expansión sobre la forma en que estas diminutas partículas de plástico ingresan en el cuerpo humano; una cuestión de especial preocupación en el caso de los lactantes, cuyos órganos y sistemas nerviosos se encuentran en pleno desarrollo.
Incluso una exposición mínima durante estos meses formativos puede tener efectos de por vida en el crecimiento, el desarrollo neurológico, el metabolismo y la salud reproductiva.
«El plástico no es inocuo, ni tampoco inerte. Los plásticos se fabrican a partir de combustibles fósiles y miles de sustancias químicas, muchas de las cuales son conocidas por ser peligrosas para la salud humana.
El plástico no debería entrar en contacto con ningún alimento y, ciertamente, no con la comida de los bebés», sostiene Bullock.
Las dos marcas objeto del estudio acaparan aproximadamente el 40 % del mercado mundial de alimentos infantiles. Estas bolsas flexibles con tapón de rosca se han convertido en el formato de envase de mayor crecimiento dentro de la categoría de alimentación para bebés.
En un momento en que las opciones libres de plástico son cada vez más limitadas, y, desde luego, no están al alcance de todos los padres, los defensores de estas causas afirman que los hallazgos arrojan una sombra de duda sobre la totalidad del pasillo de alimentos infantiles. En un esfuerzo por orientar a la industria en la dirección correcta, en beneficio tanto de sus clientes como del planeta, los defensores de Greenpeace instan a las marcas líderes a nivel mundial a eliminar gradualmente las bolsas y envases de plástico en favor de embalajes reutilizables, libres de plástico y no tóxicos.
Hasta la próxima y que tengan un excelente fin de semana.

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